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Centro Cultural Los Bohemios


El Centro Cultural queda en Humbolt 390 y comenzó como una subcomisión de cultura. Ofrece clases de canto, yoga, teatro, guitarra, piano, bandoneón, entre otras actividades. Atlanta no es el único club con Centro Cultural. Muchos tienen bibliotecas, apoyo escolar y dan funciones de teatro o juegos para chicos que incluyen festejos del Día del Niño y de la Navidad.
Hugo Lobo no lo duda entre ver a la orquesta de 120 chicos entonando el himno de su club antes de cada partido a la consagración de su equipo. “Si Atlanta sale campeón no es por nosotros, es por la plata que se le paga a los jugadores. Y los jugadores se van al tiempo, cuando les ofrecen más plata. Nosotros nos quedamos toda la vida en el club. Y estamos convencidos que los clubes crecen desde lo social”, argumenta.
Lobo tiene 33 años y desde los cuatro que va a la cancha de Atlanta. Además es la cabeza del grupo Dancing Mood y del Centro Cultural Los Bohemios, allí da clases de trompeta y organiza las restantes actividades. Ese es el nuevo proyecto del espacio: una orquesta sinfónica para chicos de la calle y de todo Villa Crespo y alrededores. “Siempre me interesó ese fenómeno de los clubes de barrio, más que el boludeo de la cultura del aguante”, dice Lobo, con la camiseta de Atlanta, un día después de haberse presentado en el Konex con Dancing Mood.
Los Bohemios forma parte del proyecto de la gente de Atlanta. Que el barrio se acerque al club, que los chicos de Villa Crespo sean de Atlanta y no de River o Boca. Y que los grandes que son de Atlanta no lo sean sólo los días de partido. En el club sienten que el barrio está identificado con el club en lo futbolístico; pero falta en lo social.
Diana Polichetti tiene 58 años y la vida en Atlanta. Es la tesorera del Centro Cultural. Está sentada en una de las mesas del buffet. “El buffet también es fundamental en un club, porque es el lugar de las tertulias. Eso es un club: un lugar donde puedas juntarte a charlar. Nos estamos recuperando, y queremos volver a tener un restaurante, para que todos puedan venir a comer con sus amigos”, dice.
Cuando comiencen las clases se repartirán carteles de publicidad en el barrio. Y se irá a los colegios de la zona a hablar de las actividades del Centro, muchas de ellas sin cargo, o a un costo muy bajo. Muchos conocieron el club por el Centro. “Es que si venís al club de chico te vas enamorando de Atlanta…”, dice Daniel Morón, 61 años y 61 y ¡nueve meses! de hincha, cuenta. “Criarse y pasar tiempo y trabajar para un club y un barrio es una forma de vida”.
Pero el principal sueño es ser lo de antes. O parecerse a lo de antes. Esto significa más de 16.000 socios, una pileta, un sector de parrillas para estar días enteros durante todo el año en familia, cancha de básquet y mucho espacio para la recreación.
Es que la sede del club fue rematada en 1991. Y se recuperó quince años después. Hoy ya superan los 4.500 y apuntan a más. Desde la cultura y el trabajo de sus socios, desde ese olor a pileta, ese sabor a comida casera de un buffet lleno, ese olor a venda transpirada del gimnasio de boxeo, a parrilla en familia, ese ruido de risas de amigos reunidos. Eso que se llama club y está cerca, en el barrio de cada uno.
Fuente: Clarín