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Arte x Arte

En la galería Arte x Arte, Lavalleja 1062, en el barrio de Villa Crespo, en mayo se podrá visitar hasta el 18 de junio la exposición “Lobbies de Buenos Aires” del artista Claudio Larrea.

Una mirada, una cámara y una bicicleta. Esas son sus armas o sus herramientas de trabajo. Claudio Larrea, amante de Buenos Aires y de su arquitectura, recorre la ciudad pedaleando de modo sistemático. Cuando detecta los edificios y los detalles que le llaman la atención, se detiene y toma una fotografía. Ese es su modo de preservar lo que ama y de fijar el curso del tiempo, a la vez que preserva sus pantorrillas y sus muslos de la fláccida melancolía. Los intereses de Larrea son precisos: busca las construcciones art déco y racionalistas. En la serie Lobbies, doce imágenes dan testimonio de la imaginación de los arquitectos y el oficio de los artesanos del período que va de la década de 1920 a la de 1950.

Todo  o casi todo es línea recta y simetría en esos paneles de mármoles suntuosos, maderas y entradas de hierro. En el caso del art déco, las decoraciones de los pasillos de ingreso y los vanos de las puertas tienen ribetes negros: los mismos ribetes de las tarjetas de pésame y de las etiquetas de Chanel. Porque el art déco se inspiró en el estilo funerario de la tumba de Tutankamón, descubierta en 1922. De inmediato, joyas, suéters y rascacielos adoptaron la imaginería del Antiguo Egipto. ¿Acaso algunos de los espacios elegidos por Larrea no recuerdan algunas tumbas de la Recoleta, ecos remotos del Valle de los Reyes a orillas del Río de la Plata? En el fondo de esos corredores porteños se presiente una revelación o un peligro.

El lobby, además de ser el lugar donde se desarrollan las reuniones de consorcio y se intercambian murmuraciones, es la antesala de la intimidad. Desde allí, los residentes y los visitantes se distribuyen hacia los departamentos; es decir, hacia la misteriosa vida privada que se traiciona en los indiscretos pozos de luz.

No hay seres humanos en las fotografías de Larrea; sin embargo, en una de ellas están los símbolos abandonados de una presencia invisible, verdaderas insignias de mando del protagonista de esos ambientes. El secador, el plumero, el trapo y el envase de limpieza delatan al encargado. También delatan el humor de Claudio Larrea.

Ya no se hacen edificios como los de estas fotografías y no sólo por una cuestión de cambios de estética, sino porque lentamente fueron desapareciendo muchos de los artesanos que los hicieron posibles. Del mismo modo desapareció cierto tono de vida social. El lobby puede ser el mismo, puede haberse conservado tal como era cuando se inauguró, pero los nuevos ocupantes “desafinan”: los gestos, las costumbres, la vestimenta, el lenguaje, no armonizan con la clave geométrica de los techos, las paredes y el piso. En ese sentido, Larrea ha logrado registrar la ausencia, los fantasmas de la vida ciudadana. Todos ellos están allí, en el vacío, en las huellas fascinantes, aunque invisibles, dejadas en los muros entre los que vivieron.        

También se expone "Profeta en su tierra"  del artista Guillermo Srodek-Hart.

Explorando los alrededores rurales de Buenos Aires, Guillermo Srodek-Hart capta con su cámara los interiores de antiguos locales comerciales. Carnicerías, bares, talleres para bicicletas o tintorerías son fotografiados como naturalezas muertas. Objetos destinados al consumo que quedan así plasmados de una manera inamovible y devocional.

Para muchos de estos locales, el registro de Srodek-Hart es la última foto de un mundo que va desapareciendo. Sin modificar ningún elemento de la escena, Srodek-Hart instala la cámara de placa y se esconde tras el manto negro para encuadrar y enfocar. Durante la larga exposición parece que el tiempo se detuviese. Y si bien en el registro no aparecen ni los dueños ni cliente alguno, la fotografía captura las huellas de la presencia humana reflejada en el orden en que han sido dispuestos los objetos y las formas de trabajo que nos es posible imaginar.

Las fotografías expresan lo visible y lo invisible y, en última instancia, operan como una vanitas en la cual la inminente extinción de estos antiguos comercios nos recuerda la condición transitoria de las 'formas' de vida que la gran ciudad moderna tiende a derrotar afectando el dominio del lugar que ha devenido su opuesto, el modo de vida rural.

De martes a viernes de 13.30 a 20hs / sábados de 13.30 a 16hs. Entrada libre y gratuita.