Seguinos:

La Ira de Dios

En la galería de arte La Ira de Dios, Aguirre 1153 2ºA, en el barrio de Villa Crespo, se expone “Vuelo bajo, acto, presencia y territorio” de Juan Cabrera, Nicolás Sobrero y Gabriel Rud con curaduría de Patricia Rizzo.
Paisajes que no existen pero que ostentan la apariencia de lo real, paisajes reales que atraviesan una mutación hacia el artificio, pentagramas quemados y una música imposible. Si hay conexión entre las obras de Rud, Cabrera y Sobrero bien podría ser un vuelo rasante sobre lo posible y lo que no lo es: Elementos reales que dan cabida festivamente al simulacro.
En la obras exhibidas de Gabriel Rud está presente la idea del accidente geográfico, la composición de las formas parecen deberse a la casualidad pero sus construcciones son causales y no casuales. Estas fueron realizadas digitalmente bajo su direccionamiento y lo que parecen ser fotografías aéreas de un terreno atravesado por los rigores de la naturaleza son composiciones visuales construidas minuciosamente. Hay en ellas un tratamiento artificioso pero certero que produce un viraje de lo extraño a lo familiar. El sentido común resulta inaplicable para estos no-lugares donde no existen mapas reconocibles ni puntos referenciales. Ellos invitan a regodearse en los detalles, en detenerse para alcanzar territorios ricos en descubrimientos, superficies y tonalidades envolventes profusas en la idea de mantener la vida de la materia, al menos eso queda residualmente y se olvida por completo que se trata de una construcción artificiosa y que entran así en juego otros conceptos. Otra de sus obras, una enmarañada red de aparentes raíces, desafía también la percepción de lo natural. Abigarrado en su construcción de la imagen y nítido en la representación de las texturas del mundo, el espectador se siente simultáneamente atraído y desafiado por sus imágenes espléndidas a través de las cuales es posible mirar un mundo presa de la falta de certeza y acostumbrado al simulacro y la confusión.
Juan Cabrera opera exactamente de forma contraria. Muchas de sus composiciones parecen artificiosas escenas construidas pero en cambio son tomas reales a las cuales simplemente se les quitó alguna información visual. La incorporación de tramas geométricas y elementos disonantes elegidos crean encantadoras escenas en un oscilante juego fabulador que interroga los alcances de la manipulación de las imágenes. La búsqueda de un punto de vista, el borrado de algunos elementos de la escena original implica una conciencia deliberada que subordina la toma de punto de vista y la transformación de la escena a una apremiante intención. Un modo de reproductibilidad que evidencia un particular reordenamiento de lo sensible.
En las obras de Nicolás Sobrero hay un extraño ordenamiento visual, impresiona cierto orden en composiciones donde aparentemente subyace la idea de caos. Pareciera haber reglas pero no son precisas, más bien se adivina que las hay. Se encuentra en ellas un grado notable de humor, de eso no hay duda, pero la esencia real de su trabajo se encuentra en el punto de vista y la elección de las imágenes, en la destrucción de éstas y su posterior reconstrucción, como si se basara en una visión documentalista de la vida y el transcurrir para adquirir de ello algunas formas y señalar connotaciones diversas, principalmente estéticas.
La disposición de algunos elementos y personajes hace que sobrevuele una idea permanente de obsesión, la propuesta parece una trampa hecha para creer que hay azar en la disposición de algunos elementos y personajes que tienen mucho de simpáticos pero no tanto, como si las escenas en pleno desarrollo hubiesen sido repentinamente detenidas. Se verifican influencias del cómic, cierto tratamiento serial, como si estuviera armando historias por entregas, aunque éstas no necesariamente están desarrolladas linealmente ni tienen un principio y un final, sino más bien como si eligiera ciertos momentos, pantallazos, de una historia que sucede y de la cual toma algunos momentos para señalarlos; un tramo congelado en un instante preciso en el cual sucede, o está por suceder, preferentemente una anomalía.

El viernes 8 de agosto a las 19hs inaugura la muestra de Grace Ndiritu (Kenya/UK) y abre el nuevo espacio de La Ira de Dios donde participarán los artistas con sus estudios abiertos.
A Quest For Meaning – Vol. 2 Trash Warehouse Party de Grace Ndiritu. Curado por Carolina Magnin. De 9 al 16 de agosto.
Para la segunda edición de “A Quest For Meaning” (AQFM), Ndiritu sigue jugando con las ideas de lo que significa la fotografía impresa en el siglo XXI, en un mundo saturado de imágenes globales. Como ciudadanos biológicos, los seres humanos han comenzado a experimentar un tipo de sobrecarga sensorial como nunca antes y, a medida que tratamos de navegar nuestra historia común, intentando ubicar cada imagen dentro de una narrativa histórica lineal, AQFM Vol.2 pregunta; ¿Qué valor tiene la imagen (fija) impresa dentro del Googlesphere que habitamos?
Mediante la creación de una instalación fotográfica hecha enteramente con material fotocopiado de la creciente enciclopedia digital AQFM, esta edición explora las nociones de tiempo, la democracia, el espectáculo, la producción en masa, el medio ambiente y la ecología y el lado sucio de la tecnología, es decir la nube. Como telón de fondo de esta discusión AQFM Vol.2 incorpora los signos y las reliquias de una warehouse party de los 90’ para volver a examinar la superposición entre la cultura rave y la etnografía, es decir, la cultura humana. Y pregunta con una cierta inquietud e inevitabilidad: ¿Qué pasa si nosotros, como seres humanos hemos llegado a nuestro límite en la capacidad de crear y procesar una nueva cultura visual? ¿Qué sucede después del fin de la Historia?